| Imagínate que, casualmente, un día caes por Soria sin nada que hacer, sin conocer a nadie y te dices "¿qué hago aquí?". Pues tienes dos opciones: o irte como has venido, o quedarte a observar en un bar, o en una callejuela o donde quieras, pues si hay algo en Soria que merece la pena hacer es mirar. Y hablar también se puede, y mucho. Y bien. Puedes hablar con los tenderos en la plaza del mercado, con el camarero de la tasca de la esquina o con el jubilado del parque de la Dehesa, que hoy no juega a la tanguilla por una lumbalgia aguda. También puedes hablar con Fernando "Papelon", (Collado, 41) cuando vayas a comprar la prensa a primera hora de la mañana. Él te explicará la mecánica de la ciudad. Está en la calle comercial más importante de la capital, el Collado, justo enfrente de la librería con más solera de la provincia, la librería Las Heras. Ahí podrás encontrar la mayor biblioteca de libros acerca de Soria y de autores sorianos, aparte de todas las demás cosas que, en este espacio, poco importan. Una vez que hayas soltado la lengua en el quiosco, puedes acercarte a tomar un café con churros, o con brevas, en la cafetería York o en la Nueva York, depende si vas para arriba o para abajo. Si vas para arriba, es decir, alejándote del río, terminarás en la York, famosa por su mantequilla y su bollería. Tiene unas "agujas" de carne que bien podrían hilarse por el paladar más fino, pues son realmente sabrosas si vas en ayunas. Lo malo es que hacen pocas y se acaban pronto. Si vas para abajo, en la Nueva York podrás encontrar lo mismo, pero con menos jubilado y más funcionario de juzgados y Ayuntamiento. Si sigues más para abajo, hacia el este de la ciudad, puedes visitar el Palacio de la Audiencia, en la plaza Mayor, que alguna exposición sobre la tierra habrá colgada. Ten cuidado de no gritar, manchar o preguntar. Seguramente tendrías la primera anécdota que contar de tu paso por aquí si te topas con "el Piti", el encargado del centro cultural.Si te gusta el arte sacro, puedes visitar también las ruinas de San Nicolás, (calle Zapatería) abandonadas de la mano de dios y del poder. Una parte de está iglesia se conserva en San Juan de Rabanera (plaza de la Diputación), donde un anciano con muletas te explicará los milagros de la ingeniería teológica por unos céntimos de euro. Si sigues por San Nicolás, puedes acercarte a ver el claustro de la Concatedral de San Pedro. Similar al de Silos, aunque un poco más humilde. O a los arcos de San Juan de Duero. Llegada la hora de almorzar, puedes hacerlo en lugares bastante recomendables. El almuerzo en Soria depende de las profesiones, pues algunos almuerzos son verdaderas comidas, dependiendo de las horas y lugares. En principio, el almuerzo más común es el pincho de tortilla de patata y el "torreno", o "torrezno" como dicen las personas finas. Es panceta de cerdo hecha a fuego lento, para que se haga bien la corteza. Verdaderos artifíces de estas viandas son (o eran, según los días) la Rex, junto al cine, (avda. de Navarra, 5). Quizá ése sea el sitio donde más almuerza el staff de funcionarios de "la Colmena" los ministerios sorianos de la Junta. Y especialistas en almuerzos lo son La Mejillonera (plaza Ramón y Cajal, 7), El Ventorro (c/ Mariano Vicén, 33), el Rover (c/ Venerable Palafox, 3) o el bar Javi (paseo de San Francisco, 12), por citar algunos. Mención aparte para los almuerzos, las comidas o las cenas son el restaurante Iruña (plaza de San Clemente, 2 - el Tubo-) o La Cepa (c/ Medinaceli). Una vez que el buche está con fuerzas para continuar el camino, te recomendamos que subas dando un paseo hacia el Castillo, omnipresente él desde casí todos los puntos de vista de la ciudad. Tendrás, aparte de un parque encantador, una de las panorámicas más abrumadoras de Soria. Otra es desde el monte de las Ánimas y, la de más allá, es la sierra Santa Ana, a la orilla este del río. Pues bien, en la subida hacia el castillo te encontrarás con el "olmo seco hendido por el rayo
" y al iglesia del Espino, junto al camposanto de la ciudad, una de la mayores 'urbanizaciones' que hay por aquí. Allí reposa Leonor de Machado y nuestra memoria. Después de estar tirado debajo de un pino y leer la prensa divisando la ciudad, puedes bajar a tomarte unas cañas. Generalmente, la caña se sirve sin pincho porque, según dicen los de los bares "a comer a casa". Si quieres pincho lo pagas. Aunque, tanto las cañas como los pinchos que pagas, son realmente
buenos. La caña de cerveza de barril se toma en vaso de cristal fino y muy fría. Especialistas lo son el Iruña, el Torcuato (c/ Collado) o el Brasil (plaza de San Clemente). Pero si hay un lugar, bar de barrio, donde tanto la "mahou"como los pinchos sean excepcionales, este es el bar Silencio (plaza del Portillo). Allí tomarse un pincho de bonito escabechado con una salmuera es un placer al alcance de muchos, pues sus precios son irrisorios. Un verdadero descubrimiento donde el "Fraile"o Jose te pondrán al día sobre lo acaecido ese día en la ciudad. Si quieres más juventud y meneo, es obligado tomarte unos pinchitos en la plaza de Herradores, o Ramón Benito Aceña, en el mismo centro. Ahí esta la antigua casa Apolonia donde dan unos palillos de calamares calientes que sólo de acordarte de su textura y sabor te segrega la boca. Igual que las "populares"del Queru, quitaresacas por excelencia. Son aceitunas con boquerones en vinagre y, despues de dos o tres, lascervezas entran solas. Especial atención ponen en la música. Y si quieres un buen vino, la tasca con más arraigo y personalidad de la ciudad es Vinos Lázaro, un entrañable establecimiento que sigue en pie gracias al tesón de Pepe y de su hijo, también Pepe. El vino dulce, los cacahuetes, el bacalao y los "tiestos" son de obligado catar. Si después de la mano de cañas tienes hambre, aparte de los lugares anteriormente citados (Iruña, El Ventorro o La Cepa, cuyo cocinero, Jóse, es quizá el más grande de todos y cuyos postres trascienden del entendimiento humano) puedes comer en la Casa del Guarda de La Dehesa, donde tienes una muy buena pasta italiana y pollo asado, además de estar situado en uno de los lugares más emblemáticos y deliciosos de todo Soria: el Alto de la Dehesa, donde Marta, o cualquiera de sus chicas, te harán sentirte en la gloria por unos minutos. Del mismo estilo, aunque con diferente comida, es la Casa del Guarda de Valonsadero, a 7 kilometros de la capital y situado en el monte más querido por los sorianos, donde dan unas estupendas judías pintas con tocino, ensaladas, chuletas, falsillas o huevos fritos con patatas con un buen porrón de cerveza, una invitación dificil de rechazar cuando el hambre aprieta y, cuando no, también. Pero si lo que quieres es comer como un señor, junto a la Casa del Guarda, y siguiendo la carretera está el Hotel-restaurante Valonsadero, donde la cocina de la tierra, junto con los platos de hongos se degustan en un comedor entre las rocas y con vistas a un paraje de cuento. Después de comer tienes diferentes opciones. Una, dar un paseo o tumbarte en Valonsadero, en La Dehesa, en el Castillo o a la vera del río. Si es verano puedes darte un baño, sin ningún problema, en el Duero. En la zona del Soto Playa o en el Perejinal, en el Peñón o en la Junta de los Ríos. Este último paraje, a 5 kilometros, es complicado de encontrar si no eres de la tierra. Para tomarte un café, o copa, o puro, puedes hacerlo en la Cantina Santa Marta (c/ Mosquera de Barnuevo, 4). También puede almorzar, comer o cenar allí. Comida ligera, con delicisosas ensaladas, pato, o sanwiches y un delicioso café Illy. El servicio que atiende es encantador, servicial y divertido y el local es acogedor con magníficas vistas al parque de La Dehesa. Para más cafés o copas, el Ogham, (c/ Nicolás Rabal,1) la taberna irlandesa de Soria. Abierto desde las 12 de la mañana tiene todo tipo de cervezas y de maltas. Concurrido a todas horas, es uno de los locales más "chic" de la ciudad. Lugar de encuentro cuando llega la noche, tiene una música excelente, unas copas insuperables y un ambiente dificil de calificar, por lo variopinto. Si quieres cenar, aunque sea de tapas, puedes recurrir a los lugares del almuerzo, añadiendo Los Porches (c/ Francisco de Ágreda) que tiene un muy buen marisco de temporada y sólo 6 mesas. Buena calidad y buen precio. También puedes hacerlo en el bar Patata (en la plaza de San Clemente -el Tubo-). Memorables raciones y bocatas, entre ellos los de avestruz.
Si ya has cenado y te quieres echar una copita, lo mejor es empezar por el ya nombrado Queru. Buena música y la calle como sala de estar. Se pone "hasta la bola" a eso de las once de la noche. Puedes seguir por el Ogham, o bien puedes hacer una incursión en el Casco Viejo de la ciudad (las calles Real y Zapatería). Con al menos 10 garitos, tienes de todo. Como el Valhalla: futbolín, música alta y un minúsculo, y expléndido, patio interior. O el Espiral, de lo más punki y heterodoxo de Soria. Buen rollo en todo caso y buena música.
Y
ya, subiendo a la zona, que es la zona de copas por
excelencia, una de
las mejores copas de toda la noche te la tomarás
en el Boira (c/ Rota de Calatañazor) "niebla"
en catalán, pues lo abrió, hace ya más
de 22 años, el Tony. Fue una buena pieza. En
la actualidad lo lleva Pepe y, aparte de ser "mu'
majo chico", pone unas copas y una música
suprema. Merece la pena repetir a eso de las 3 de la
mañana. Y justo enfrente del Boira está
el Otro+. House, Progresiv, Chill out y todo
en música de baile. Su anfitriona, Ione, es un
caso aparte. Por su encanto y paciencia, sobre todo.
Después, si quieres ampliar la zona de batalla
puedes subir a Bristol o "el Zebu"(c/
Termancia). Un clásico detrás de las barras
sorianas que ha buscado un pequeño bar, tranquilito,
con dardos y música de toda la vida. Antes de
llegar al Zebu, parada obligatoria es el Tamdem.
Con gusto y buen alcohol.
Y
si tras de la segunda del Boira quieres más,
te queda El Último(plaza Las Balsas),
junto a la plaza de Toros. Músicade baile y el
Arturo. Casi na'... Y para bailar hasta el amanecer
un clásico: el Estructuras, al otro lado
del coso taurino. Un sitio duro, y últimamente
con muy buena música de baile. Cuando sales,
ya de día, puedes hacer una recena en el San
Andrés, donde Jose Mari sirve un tordo al
roquefort de muerte. Merece la pena preguntarle. Y de
aquí a la cama o a bañarte.Y vuelta a
empezar.
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