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| ¿Que
conoces de nuestra provincia? Compruébalo
en este crucigrama. |
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Si
hay una noche mágica y cargada misterio, ésa
es la más corta del año, que concentra
buena parte de las manifestaciones más intensas
de la provincia soriana. Era (es) una noche pagana.
El momento justo en el que el sol se encuentra en lo
más alto del cénit y permanece visible
por más tiempo. La explosión de la naturaleza
hecha sol, agua, tierra y fuego. Pura vida en ritos
repetidos y antiquísimos.
Los hombres le dieron a las horas que anteceden a la
medianoche de este 23 de junio la esencia del misterio,
el poder que se extiende a los reinos vegetales de la
verbena. El elemento mágico se encarnó
en hogueras. Se buscaba el trébole y se ponía
el ramo en la noche de San Juan. Las culturas agrícolas
rendían su tributo ardiente: el fuego, que todo
lo purifica, prendía al estreno de la estación
de la cosecha. Empezaba la época de la fecundidad
y el amor (el que sanjuanea, marcea le explicarán
los sorianos en una cuenta de nueve meses justos). Aún
se saltan en la provincia las hogueras. Todavía
se va a la Sierra Santa Ana capitalina a ver salir el
sol dando vueltas. Se encienden fuegos cuyas cenizas
tenían (¿tienen?) el poder de curar la
sarna, las grietas o el acné. Rituales para averiguar
el nombre de los amantes. Hierba que regala sus poderes
curativos. Sorianos llamados Marías y Josés
sanando a niños herniados entre árboles
quebrados, danzas y abluciones. Un San Juan, Bautista
para más señas, cristianizando lo pagano,
sintetizando creencias, convirtiendo lo profano en religión
y el ritual en acto sacro. La antigua adoración
al sol celtíbero transformada en la vigilia de
un santo al que la iglesia supo envolver del necesario
halo de misterio: el Bautista nacía a las doce
de la noche, justamente medio año antes de la
Natividad de Jesús. Una simetría perfecta.
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| PASO
DEL FUEGO Y MÓNDIDAS DE SAN PEDRO MANRIQUE |
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La
noche del 23 de junio, la ermita de la Virgen de la
Peña concentra ritual y adrenalina. Mil kilos
de leña de roble, cuidadosamente preparados en
un camino de brasas, brillan en el recinto sampedrano.
Antes de las doce, el público del graderío
se prepara, ante el fuerte calor que despide la alfombra
roja, para asistir a una celebración ancestral
que se ejecuta hacia poniente y que los expertos señalan
como ritual iniciático o medio para lograr la
inmortalidad a través de la hoguera purificadora.
Sea como fuere, el Paso del Fuego es uno de los momentos
más emocionantes del calendario festivo más
allá de las fronteras provinciales. Los hijos
de San Pedro traspasarán a medianoche las brasas
encendidas, solos o con alguien a cuestas, como lo hacen
cada año desde antiguo.
Cuentan que sólo ellos pueden realizar la proeza
(llamada pirobacia) que ha despertado el interés
de curiosos, científicos y parapsicólogos.
Se ha dicho de todo: desde que el secreto reside en
pisar fuerte para no dejar oxígeno y evitar la
combustión hasta que contienen la respiración,
pasando por la concentración, una suerte de éxtasis,
la fe, el sudor, el vino, algunas ampollas o burbujas
de aire que se interponen entre la piel y las brasas.
El caso es que los pasadores, en especial el aplomo
de los más expertos -encabezados por el célebre
Chichorrillas- ponen la piel de gallina al caminar y
después, cuando se abrazan fuerte tras el Paso
del Fuego. Todo ello ha sido presidido por La Móndidas,
tres jóvenes sampedranas elegidas por sorteo
entre las mozas casaderas, que serán las protagonistas
de los actos del día siguiente. Cuentan que estas
muchachas de vestido blanco y un extraño cesto
en la cabeza con flores de pan y largas varitas de harina
y azafrán (arbujuelo) son el recuerdo de la abolición
del Tributo de las Cien Doncellas tras la derrota musulmana;
dicen también que no son sino la encarnación
de las antiguas sacerdotisas celtíberas... Son
algunas de las tesis, infinitas, que giran en torno
a una fiesta antigua y espléndida en Tierras
Altas.
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Estos
textos han sido facilitados por el Patronato Provincial
de Turismo de Soria.
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