03:22, 06-01-2009
 
 
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RIBERA DEL DUERO

BAUTIZO DE VINO Y AGUA
En dirección a Valladolid, la carretera nos despide brevemente en El Burgo de Osma, desde donde una vía más estrecha y menos transitada se prolonga hasta Recuerda. Antes, en Gormaz, una meseta anclada en el valle se levanta desafiante entre los retales ocres de las piezas de labor. La fortaleza de Gormaz se asoma al llano. Su vientre intercala un pasado lleno de nombres y batallas con un mapa de sensaciones difíciles de digerir para el vientre y las palabras. Nació como uno de los principales centros de defensa del Valle del Duero. Tiene un kilómetro de perímetro y una longitud de 370 metros. En la Reconquista fue asaltada sucesivamente por árabes y cristianos. La muralla antigua no impide la apertura que alimenta al aire. Durante la guerra vivía en él un destacamento del ejército y en épocas de paz quedaba una pequeña guarnición a su cuidado. Es magnífico, quizá más que eso. Qué palabra usar para definir esta belleza... Finalmente, lo ocupó el señor feudal, y estuvo habitado hasta el XVI, momento en que nobles y señores empezaron a preferir los palacios y las ciudades, más confortables. La fortaleza, de mil años cumplidos, es la más importante construcción castrense musulmana que albergara edificaciones ordenadas en sus calles. En su interior se hallan las Torres del Homenaje y de Almanzor, el alcázar, las saeteras estrechas desde donde se lanzaban los arcos y las ballestas, el mihrab del oratorio o mezquita... Arriba está el aljibe, inmensa cisterna de almacenamiento de agua cuya importancia era vital para el castillo, especialmente en épocas de asedio. Y la hermosa Puerta Califal con arco de Herradura cordobés, el paso de ronda y las 28 torres, desde donde se controla visualmente las principales plazas de la zona.
Arriba está el siglo X. Abajo, el caserío de Gormaz, el pueblo que hunde sus raíces en la historia desde la Edad del Bronce, la necrópolis de la Edad del Hierro, el castro celtíbero, la villa romana en Fuentes Chiquitas, cuatro inscripciones latinas, restos arquitectónicos y visigodos. Y también una ermita románica, la de San Miguel, declarada Bien de Interés Cultural (BIC), con arco de herradura, lápida árabe y otra cristiana que conviven con valiosas pinturas románicas de los siglos XI y XII. Recuerda es un nombre hermoso para guardar en la memoria. Un municipio despuntado por atalayas y encinas voluminosas, que además regala lindezas del arte y el pasado y que desemboca en un Quintanas de Gormaz de horizontes rojizos y pinariegos, con pasado preceltíbero escrito en un yacimiento, castro y necrópolis celtíberos. Dos edificios de corte indiano llaman la atención: el palacio convertido en casa rural y las escuelas. Y seguimos por La Rasa, hasta La Puerta de Castilla. Corazón y cabeza de la comarca, San Esteban de Gormaz detendrá el tiempo de este viaje, para continuar luego a contracorriente por una infinidad de pueblos e historia.
La carretera de Valladolid continúa su curso por las tierras del vino hasta Langa de Duero. A su paso, un entramado de desvíos tientan desde sus carteles indicadores, que apuntan llamadas desde esta patria chica del buen comer y el buen beber con fuerte olor a lechazo, cabrito o cochinillo asado. Hay caza, cangrejos y buena repostería para ponerle la guinda a los platos regados con buen caldo. Hay bodegas y lagares que reúnen a las gentes en torno a una merienda. Hay paisaje que lame el Duero con su vegetación ribereña y húmeda, cañones horadados por el agua que se traducen en sugerencias naturales, desfiladeros angostos hechos de día y noche por los ríos, lugares para el baño y la comida campestre. Hay caminos, carreteras que llevan y que traen, pueblos a la vuelta, fiestas y tradiciones, destinos multiplicados de los que hoy podremos hacer un esbozo apenas, mientras la mañana se convierte en mediodía y el sol atardece su luminosidad constante. El mapa a seguir: un plano prieto en localidades y un campo de bodegas y palomares.
A izquierda y derecha de la carretera, las tierras sanestebeñas lanzan un guante a los contrastes, las atalayas y el tiempo. El extenso municipio se salpica de historia antigua en pueblos como Olmillos, donde se han encontrado dos inscripciones latinas dedicadas a la diosa indígena Drusuna; un castro celtíbero en Morcuera, que ya estaba poblada en la Edad del Bronce Antiguo; una atalaya musulmana en Piquera de San Esteban; yacimiento del Bronce Antiguo, castro celtíbero y restos de atalaya árabe en Peñalba, donde destaca su iglesia gótico-renacentista; otra atalaya resiste como puede al tiempo en Aldea de San Esteban, con necrópolis tardorromana-visigoda... Y Atauta, con sus bodegas y viñedos y su museo etnográfico; los restos del palacio de los duques de Frías, el adobe, las bodegas y las viñas de Inés; la ermita de la Virgen de los Rubiales, con testero gótico, en Soto de San Esteban; la picota de Madera de Velilla… Un suma y sigue extenso que incluye el conjunto histórico de Rejas de San Esteban, donde el color rojizo del adobe recibe a un viajero que encontrará necrópolis medieval y dos iglesias románicas del XII, una de ellas Monumento Histórico. Y más románico y fortificaciones, otro templo del XII y una atalaya musulmana en Matanza; otra ermita románica en Villálvaro; otra atalaya -Monumento- en Quintanilla de Tres Barrios… Y bodegas y lagares. Y palomares infinitos. Y una tierra de vino y matices rojos en sus paredes de adobe y tapial.
El camino hacia Langa se interrumpirá aún más, en derivaciones románicas como la iglesia de Miño de San Esteban, una joya del XII edificada sobre restos anteriores con torreón defensivo. Sus bodegas y lagares serán la antesala de otros, diseminados por pueblos como Fuentecambrón, donde también hay iglesia con restos románicos, o Cenegro, con templo renacentista. Dignos ejemplares de la arquitectura popular, los albergues del vino compartirán esencias tradicionales con los palomares que llenan los campos de la comarca ribereña, y que acompañarán al viajero hasta localidades como Alcoba de la Torre -escenario también cidiano en el que se apiñan junto a bodegas, lagares y los restos de una fortificación-, Zayas de Bascones, o un pueblo con vocación de tránsito llamado Alcubilla de Avellaneda, que según el Cantar recibiera al Campeador desde Burgos. En él, la Senda de los Moros no seguía sino un trazado más antiguo, la vía romana que servía de unión entre Astúrica y Caesaraugusta. Pero su pasado ha sido perfilado por numerosas culturas, tal y como demuestra el hallazgo de dos espadas de la Edad del Bronce, los asentamientos rurales romanos en Alcoba de la Yerma y la Serna, las inscripciones latinas de la ermita, las cuatro estelas medievales, un palacio que añade al escenario su porte de estética renacentista.
Camino a Langa de Duero, la estela prehistórica -y la carretera- nos irán llevando a través de una zona ya fronteriza con Burgos, en la que restos lejanos se internan sin aspavientos por la historia: un hacha de sílex y una villa romana con mosaicos en Valdanzo, otro hacha y un castro celtíbero en Zayas de Torre, la Edad del Bronce se queda en Alcozar...
Castillejo de Robledo es un pueblo -otro más en la lista provincial- cuyos tesoros sorprenden a quien se aventura en su estómago de historia, leyenda, silencio y agua. En medio de un entorno de privilegio, vive una inteligente fusión de pasado y presente, en el que la iglesia románica (Monumento Histórico Artístico), las ermitas y el castillo templario se levantan en las calles empedradas, en tanto que la Escuela de Prácticas Cinegéticas comparte actualidad con y el intento de recuperar la mejor de las tradiciones gastronómicas. Desde niños, los castillejanos escuchan un relato que la tradición sitúa por estos parajes: es la Afrenta de Corpes, el ultraje sufrido por las hijas del Cid de manos de sus esposos los infantes de Carrión. El episodio recogido en el Cantar es probablemente aludido en una pintura de la iglesia, retrato de un hecho que muchos sitúan por la ermita de la Virgen del Monte.
Y vamos, carretera y memoria, hasta una de las zonas más despobladas del Viejo Continente: es la Sierra de Pela, donde un silencio ancho y profundo recorre, como un vértigo o un escalofrío, una carretera sin tráfico. Ebria de historia, la tierra enmudece a través de un paisaje erosionado y subyugante. El tiempo se detiene en las pinturas rupestres de la zona, los castros celtíberos, los restos romanos, la ermita visigoda de Pedro (Monumento BIC), el templo también BIC de Ligos… Un primitivismo extraño late en la orogenia antigua. Allí, en los confines de la sierra y la historia, un lugar eclipsa el entorno vehemente hasta conseguir hacerlo olvidar: Tiermes duerme un tiempo milenario cerca de Montejo, donde un museo sirve de vestíbulo para entender mejor el yacimiento fascinante.
El camino, largo y pleno, va tocando a su fin. Atrás quedaron, cañones y seducciones en Caracena, Torrevicente, Lumías… Más allá, otra localidad de choque se rodea de murallas con dos puertas. Traspáselas. Verá un pueblo bien cuidado con bella iglesia gótica y una ermita con capiteles del XII. Callejee por Retortillo de Soria. Déjese llevar por el paseo. En sus manos, siempre amables, les dejamos.
    TIERRA DE ÁGREDA
    TIERRAS ALTAS
    TIERRA DEL VALLE
    LA SORIA VERDE
    SENDERO IBÉRICO SORIANO
    CAMINO DEL CID
 
NUEVA RUTA
  LA CELTIBERIA SORIANA
Todas estas rutas forman parte de la amplia oferta del Patronato Provincial de Turismo de Soria. Los contenidos y las imágenes de cada uno de los recorridos han sido facilitados a valonsadero.com por el propio Patronato. Los textos son obra de Susana Gómez Redondo, y las fotografías perteneces al archivo del Patronato de Turismo, Fernando Santiago, Lourdes Lezcano, Félix Lozano, Alejandro Plaza, Valentín Guisande, Manuel Caloto y Paco Lucas.
 
 

 

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