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| ¿Que
conoces de nuestra provincia? Compruébalo
en este crucigrama. |
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| BAUTIZO
DE VINO Y AGUA |
En
dirección a Valladolid, la carretera nos despide
brevemente en El Burgo de Osma, desde donde una vía
más estrecha y menos transitada se prolonga hasta
Recuerda. Antes, en Gormaz, una meseta anclada en el valle
se levanta desafiante entre los retales ocres de las piezas
de labor. La fortaleza de Gormaz se asoma al llano. Su
vientre intercala un pasado lleno de nombres y batallas
con un mapa de sensaciones difíciles de digerir
para el vientre y las palabras. Nació como uno
de los principales centros de defensa del Valle del Duero.
Tiene un kilómetro de perímetro y una longitud
de 370 metros. En la Reconquista fue asaltada sucesivamente
por árabes y cristianos. La muralla antigua no
impide la apertura que alimenta al aire. Durante la guerra
vivía en él un destacamento del ejército
y en épocas de paz quedaba una pequeña guarnición
a su cuidado. Es magnífico, quizá más
que eso. Qué palabra usar para definir esta belleza...
Finalmente, lo ocupó el señor feudal, y
estuvo habitado hasta el XVI, momento en que nobles y
señores empezaron a preferir los palacios y las
ciudades, más confortables. La fortaleza, de mil
años cumplidos, es la más importante construcción
castrense musulmana que albergara edificaciones ordenadas
en sus calles. En su interior se hallan las Torres del
Homenaje y de Almanzor, el alcázar, las saeteras
estrechas desde donde se lanzaban los arcos y las ballestas,
el mihrab del oratorio o mezquita... Arriba está
el aljibe, inmensa cisterna de almacenamiento de agua
cuya importancia era vital para el castillo, especialmente
en épocas de asedio. Y la hermosa Puerta Califal
con arco de Herradura cordobés, el paso de ronda
y las 28 torres, desde donde se controla visualmente las
principales plazas de la zona.
Arriba está el siglo X. Abajo, el caserío
de Gormaz, el pueblo que hunde sus raíces en la
historia desde la Edad del Bronce, la necrópolis
de la Edad del Hierro, el castro celtíbero, la
villa romana en Fuentes Chiquitas, cuatro inscripciones
latinas, restos arquitectónicos y visigodos. Y
también una ermita románica, la de San Miguel,
declarada Bien de Interés Cultural (BIC), con arco
de herradura, lápida árabe y otra cristiana
que conviven con valiosas pinturas románicas de
los siglos XI y XII. Recuerda es un nombre hermoso para
guardar en la memoria. Un municipio despuntado por atalayas
y encinas voluminosas, que además regala lindezas
del arte y el pasado y que desemboca en un Quintanas de
Gormaz de horizontes rojizos y pinariegos, con pasado
preceltíbero escrito en un yacimiento, castro y
necrópolis celtíberos. Dos edificios de
corte indiano llaman la atención: el palacio convertido
en casa rural y las escuelas. Y seguimos por La Rasa,
hasta La Puerta de Castilla. Corazón y cabeza de
la comarca, San
Esteban de Gormaz detendrá el tiempo
de este viaje, para continuar luego a contracorriente
por una infinidad de pueblos e historia.
La
carretera de Valladolid continúa su curso por las
tierras del vino hasta Langa de Duero. A su paso, un entramado
de desvíos tientan desde sus carteles indicadores,
que apuntan llamadas desde esta patria chica del buen
comer y el buen beber con fuerte olor a lechazo, cabrito
o cochinillo asado. Hay caza, cangrejos y buena repostería
para ponerle la guinda a los platos regados con buen caldo.
Hay bodegas y lagares que reúnen a las gentes en
torno a una merienda. Hay paisaje que lame el Duero con
su vegetación ribereña y húmeda,
cañones horadados por el agua que se traducen en
sugerencias naturales, desfiladeros angostos hechos de
día y noche por los ríos, lugares para el
baño y la comida campestre. Hay caminos, carreteras
que llevan y que traen, pueblos a la vuelta, fiestas y
tradiciones, destinos multiplicados de los que hoy podremos
hacer un esbozo apenas, mientras la mañana se convierte
en mediodía y el sol atardece su luminosidad constante.
El mapa a seguir: un plano prieto en localidades y un
campo de bodegas y palomares.
A
izquierda y derecha de la carretera, las tierras sanestebeñas
lanzan un guante a los contrastes, las atalayas y el tiempo.
El extenso municipio se salpica de historia antigua en
pueblos como Olmillos, donde se han encontrado dos inscripciones
latinas dedicadas a la diosa indígena Drusuna;
un castro celtíbero en Morcuera, que ya estaba
poblada en la Edad del Bronce Antiguo; una atalaya musulmana
en Piquera de San Esteban; yacimiento del Bronce Antiguo,
castro celtíbero y restos de atalaya árabe
en Peñalba, donde destaca su iglesia gótico-renacentista;
otra atalaya resiste como puede al tiempo en Aldea de
San Esteban, con necrópolis tardorromana-visigoda...
Y Atauta, con sus bodegas y viñedos y su museo
etnográfico; los restos del palacio de los duques
de Frías, el adobe, las bodegas y las viñas
de Inés; la ermita de la Virgen de los Rubiales,
con testero gótico, en Soto de San Esteban; la
picota de Madera de Velilla
Un suma y sigue extenso
que incluye el conjunto histórico de Rejas de San
Esteban, donde el color rojizo del adobe recibe a un viajero
que encontrará necrópolis medieval y dos
iglesias románicas del XII, una de ellas Monumento
Histórico. Y más románico y fortificaciones,
otro templo del XII y una atalaya musulmana en Matanza;
otra ermita románica en Villálvaro; otra
atalaya -Monumento- en Quintanilla de Tres Barrios
Y bodegas y lagares. Y palomares infinitos. Y una tierra
de vino y matices rojos en sus paredes de adobe y tapial.
El camino hacia Langa se interrumpirá aún
más, en derivaciones románicas como la iglesia
de Miño de San Esteban, una joya del XII edificada
sobre restos anteriores con torreón defensivo.
Sus bodegas y lagares serán la antesala de otros,
diseminados por pueblos como Fuentecambrón, donde
también hay iglesia con restos románicos,
o Cenegro, con templo renacentista. Dignos ejemplares
de la arquitectura popular, los albergues del vino compartirán
esencias tradicionales con los palomares que llenan los
campos de la comarca ribereña, y que acompañarán
al viajero hasta localidades como Alcoba de la Torre -escenario
también cidiano en el que se apiñan junto
a bodegas, lagares y los restos de una fortificación-,
Zayas de Bascones, o un pueblo con vocación de
tránsito llamado Alcubilla de Avellaneda, que según
el Cantar recibiera al Campeador desde Burgos. En él,
la Senda de los Moros no seguía sino un trazado
más antiguo, la vía romana que servía
de unión entre Astúrica y Caesaraugusta.
Pero su pasado ha sido perfilado por numerosas culturas,
tal y como demuestra el hallazgo de dos espadas de la
Edad del Bronce, los asentamientos rurales romanos en
Alcoba de la Yerma y la Serna, las inscripciones latinas
de la ermita, las cuatro estelas medievales, un palacio
que añade al escenario su porte de estética
renacentista.
Camino
a Langa de Duero, la estela prehistórica -y la
carretera- nos irán llevando a través de
una zona ya fronteriza con Burgos, en la que restos lejanos
se internan sin aspavientos por la historia: un hacha
de sílex y una villa romana con mosaicos en Valdanzo,
otro hacha y un castro celtíbero en Zayas de Torre,
la Edad del Bronce se queda en Alcozar...
Castillejo de Robledo es un pueblo -otro más en
la lista provincial- cuyos tesoros sorprenden a quien
se aventura en su estómago de historia, leyenda,
silencio y agua. En medio de un entorno de privilegio,
vive una inteligente fusión de pasado y presente,
en el que la iglesia románica (Monumento Histórico
Artístico), las ermitas y el castillo templario
se levantan en las calles empedradas, en tanto que la
Escuela de Prácticas Cinegéticas comparte
actualidad con y el intento de recuperar la mejor de las
tradiciones gastronómicas. Desde niños,
los castillejanos escuchan un relato que la tradición
sitúa por estos parajes: es la Afrenta de Corpes,
el ultraje sufrido por las hijas del Cid de manos de sus
esposos los infantes de Carrión. El episodio recogido
en el Cantar es probablemente aludido en una pintura de
la iglesia, retrato de un hecho que muchos sitúan
por la ermita de la Virgen del Monte.
Y vamos, carretera y memoria, hasta una de las zonas más
despobladas del Viejo Continente: es la Sierra
de Pela, donde un silencio ancho y profundo
recorre, como un vértigo o un escalofrío,
una carretera sin tráfico. Ebria de historia, la
tierra enmudece a través de un paisaje erosionado
y subyugante. El tiempo se detiene en las pinturas rupestres
de la zona, los castros celtíberos, los restos
romanos, la ermita visigoda de Pedro (Monumento BIC),
el templo también BIC de Ligos
Un primitivismo
extraño late en la orogenia antigua. Allí,
en los confines de la sierra y la historia, un lugar eclipsa
el entorno vehemente hasta conseguir hacerlo olvidar:
Tiermes
duerme un tiempo milenario cerca de Montejo, donde un
museo sirve de vestíbulo para entender mejor el
yacimiento fascinante.
El
camino, largo y pleno, va tocando a su fin. Atrás
quedaron, cañones y seducciones en Caracena, Torrevicente,
Lumías
Más allá, otra localidad
de choque se rodea de murallas con dos puertas. Traspáselas.
Verá un pueblo bien cuidado con bella iglesia gótica
y una ermita con capiteles del XII. Callejee por Retortillo
de Soria. Déjese llevar por el paseo. En sus manos,
siempre amables, les dejamos. |
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Todas
estas rutas forman parte de la amplia oferta del Patronato
Provincial de Turismo de Soria. Los contenidos y las
imágenes de cada uno de los recorridos han sido
facilitados a valonsadero.com por el propio Patronato.
Los textos son obra de Susana Gómez Redondo,
y las fotografías perteneces al archivo del Patronato
de Turismo, Fernando Santiago, Lourdes Lezcano, Félix
Lozano, Alejandro Plaza, Valentín Guisande, Manuel
Caloto y Paco Lucas.
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