05:02, 06-01-2009
 
 
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SORIA: RUTA DE LOS POETAS
RUTA DE LA MEDITACIÓN

RUTA DE LA MEDITACIÓN
Recorrido a pie. Tres horas.
El punto de partida, la plaza de San Esteban, será fácil de encontrar próximo a El Collado, centro neurálgico de soportal y pequeño comercio por donde caminan, compran y pasean de arriba a abajo los sorianos (en él se encuentra, bajo uno de sus porches, el Casino al que Machado dedicara poema y cafés). Así, y con el plano en la mano, un círculo de atención inexcusable marcará la iglesia de San Juan de Rabanera, hermoso templo declarado Monumento Nacional.
No le defraudará Soria la Románica con esta obertura de influencias orientales, recuerdos clásicos y tanteos ojivales, donde habrá de tomarse tiempo para admirar el ábside y la hermosa portada de poniente, que perteneció a la iglesia de San Nicolás, hoy en ruinas en la calle Real. A la derecha, las estatuas de la Diputación vigilan su exploración. Son sorianos ilustres que la ciudad esculpió en bronce y memoria.
Si habla con algún soriano sobre esa mancha verde que ve en el centro de su plano bajo el nombre de Alameda de Cervantes, llámela La Dehesa. Así es como aquí se conoce este corazón verde de la ciudad, un extenso y cuidado parque que tras la verja le ofrecerá paseo, banco, terraza y corros de gente en los flancos. Los hombres están jugando a la tanguilla. Las mujeres, a los bolos. En ella, donde se dan cita más de ochenta especies vegetales, lléguese hasta la ermita de La Soledad. La talla del Cristo del Humilladero, en la capilla traslateral, es del siglo XVI y se atribuye a Juan de Juni. Si es usted religioso, quizá quiera rezarles una oración a las almas que descansan en el pórtico de arquería triple. Sus losas, y aunque pocos sorianos lo sepan, hacen de fosa común a los reos ajusticiados en la ciudad medieval. Los cuerpos de los ajusticiados eran recogidos al anochecer por los miembros de la Cofradía de la Veracruz, quienes en medio de la oscuridad les daban cristiana sepultura ante el pequeño templo.
Junto a la ermita, un castaño de flor rosada ocupa el espacio que tuvo el Árbol de la Música. El quiosco vegetal por el que subía para tocar la Banda Municipal de Música murió de grafiosis, y ahora la ciudad espera a que el nuevo ejemplar ensanche la memoria de un olmo repartida en pedazos que se hicieron llaveros y nostalgia. Atraviese los paseos. Acérquese hasta la rosaleda y la explanada verde del alto de la Dehesa. Si es primavera, los tulipanes y las rosas le habrán brindado un cuadro saturado de vivo impresionismo.
En el Espolón, el paseo que flanquea por la derecha a la Alameda, un número en el plano le señalará un lugar a media altura. Es el Museo Numantino, donde podrá obtener una minuciosa visión de las etapas que ha vivido la provincia, desde los hallazgos paleolíticos de Ambrona hasta la época moderna. Y de nuevo en dirección hacia El Collado, se cruzará con la plaza de Ramón Benito Aceña. Si pregunta por ella, quizá encuentre a alguien que dude levemente. Y es que, de nuevo, los sorianos se empeñan en conservar el nombre antiguo de Herradores. Espacio hoy para el cañeo y los pinchos, en ella vivieron los hermanos Bécquer, y Gustavo Adolfo sufrió el dolor del adulterio de su esposa con un forajido.
Más allá, y siguiendo el plano, una estrecha calle aparece a la izquierda en esta ruta bautizada de la meditación. Tome aliento y suba. Puertas de Pro le brindará edificios adosados a las murallas de la ciudad, pespunteados con restos del antiguo recinto. Y vaya, papel en mano, tras las flechas que le llevan a la derecha hasta el magnífico rosetón que le vigila desde una bellísima portada románica. Es el horóscopo vidriado de los versos de Gerardo Diego, el ojo de cíclope que asistirá a ésta su segunda cita con un Monumento Nacional y con el estilo por definición de la provincia. La Iglesia de Santo Domingo bien merece entretenerse: se encuentra ante una portada designada por los críticos como una de las más completas, unitarias y equilibradas de la geografía peninsular. De tímpano y arquivolta, los bellos festones arquitectónicos retratan con tierna minuciosidad pasajes del Nuevo y Antiguo Testamento, en una composición rematada por dos estatuas (podrían ser Don Alfonso y Doña Leonor) que añaden su armonía de dosel al conjunto con influencias de Poitiers. Vuelva a entrar a un estómago románico. Quizá escuche la música sacra del convento anejo de las Clarisas (por cierto, las Hermanas cocinan y venden pastas de sabores casi divinos).
Más tarde, cuando pueda y la atracción serena del templo le permita marchar, enfile hacia el Instituto Antonio Machado, donde aún se conserva un aula tal y como la encontró el poeta. Allí impartió sus clases de francés el sevillano, cuyo busto preside la fachada barroca del que en tiempos fuera un antiguo colegio de Jesuitas. Si es tiempo de clases o matrículas, podrá traspasar el umbral y rodear el claustro que alberga en el interior. Desde él, con algo de Machado en la memoria callejera, la calle Aduana Vieja baja hacia la plaza de San Clemente (el Tubo la llaman), entre arquitectura noble de escudo y balconada. Está llegando a la plaza de cañeo cuando una ventana de esquina le hará su guiño dividido. Ha dado con otro Monumento Nacional: el Palacio de los Ríos y Salcedo, de factura renacentista y hoy Archivo Histórico Provincial, tiene partida de nacimiento del XVI, y bellos escudos guardan su puerta.
De nuevo en El Collado, y si son horas de ajetreo o paseo, verá que los sorianos han llegado a un acuerdo tácito. Normalmente se camina por la derecha, y así se sortea mejor el tráfico peatonal de la calle de los comercios. Insistimos, siga su plano, atraviese la plaza de los Doce Linajes de Soria y... un nuevo Monumento Nacional le saluda desde su equilibrio renacentista. El Palacio de los Condes de Gómara, hoy Audiencia Provincial y joya por definición de la arquitectura civil soriana, se levanta altivo sobre el caserío. Mientras deja a su hermosa y sólida torre vigilar por los cuatro costados la ciudad castellana, callejee un poco hasta llegar a la plaza Mayor.
Intuirá brevemente una calle de la Zapatería -que aún conserva antiguas casonas y palacios- antes de atravesar un Arco del Cuerno por el que entraban y salían los toros cuando la plaza aún hacía de coso. El edificio de enfrente es del XVII, se llama de los Doce Linajes y es el Ayuntamiento de la capital. A su lado, el antiguo Consistorio, hoy Centro Cultural, quizá toque la una (si es así, acuérdese de Machado: es el reloj de la Audiencia). La torre del rincón es la de Doña Urraca y la iglesia de arquivolta vegetal a sus espaldas, la Mayor, donde Don Antonio desposó a Leonor en una unión -ella tenía dieciséis años, él treinta y dos y además era masón y republicano- que escandalizó a la conservadora sociedad soriana de principios de siglo. Tómese vino y pincho a su salud. En la plaza encontrará dónde beber y comer bien.
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Todas estas rutas forman parte de la amplia oferta del Patronato Provincial de Turismo de Soria. Los contenidos y las imágenes de cada uno de los recorridos han sido facilitados a valonsadero.com por el propio Patronato. Los textos son obra de Susana Gómez Redondo, y las fotografías perteneces al archivo del Patronato de Turismo, Fernando Santiago, Lourdes Lezcano, Félix Lozano, Alejandro Plaza, Valentín Guisande, Manuel Caloto y Paco Lucas.
 
 

 

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