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| ¿Que
conoces de nuestra provincia? Compruébalo
en este crucigrama. |
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| LA
BARBACANA |
Ancha
y angosta. Cristiana, mora y judía. Celtíbera
y romana. Por las venas de esta esquina corre la herencia
de una historia hecha con los retazos de las culturas
y los pueblos. Una mixtura que se hizo madre de la riqueza
abierta: el pasado como auténtico arquitecto de
su mestizaje.
Castilla -que no el tiempo largo y la comarca paciente-
apremia en esta tierra. Pronto dirá adios en el
mapa físico y político esta Soria -lo dijo
Machado mejor y en verso- que se vuelve barbacana hacia
Aragón. Zaragoza y Teruel se hacen próximos
y un leve acento maño va tomando la voz y la palabra
hasta convertirse en el puro canto de la comunidad vecina.
Las gentes enhebran el ico a sus diminutivos a
la par que un paisaje rojo y unos grados de más
anuncian la despedida. El influjo del Moncayo preña
la tierra de leyendas y fantasías: desde los celtíberos
hasta Bécquer pasando por la mitología romana,
los milagros cristianos y la fantasía popular,
que juntos anidan y crecen en cuevas y pozas. Allí,
el cielo bendiga el final de la región ancha, Soria
se traspasa de fronteras deseadas por los reinos cristianos,
en un triángulo de amor y guerra que antes formaron
musulmanes, hebreos y cristianos. Hoy, las huellas de
las culturas no saben ya de batallas.
En esta convivencia sublime en la que se quedó
cómodamente asentada la comarca, ägreda es
por excelencia el punto de encuentro entre los mundos
cristiano, árabe y judío. Testimonios triples
se prolongan en las calles compartidas de esta localidad
fronteriza en cuyos campos se jugó a sangre la
paz de la península en más de una ocasión.
La cristiandad, con fuerte influencia aragonesa, hace
su reparto de artes en la villa por conventos del XVIII,
el palacio renacentista de la Plaza Mayor, la arquitectura
popular mezclada con las casas solariegas, los recintos
amurallados, una iglesia gótica de San Juan con
elementos románicos, barrocos y neoclásicos;
un palacio de los Castejones hermoso, sólido y
clasicista...Tmplos de facturas diferentes, la antigua
alhóndiga, el gótico de San Miguel con la
torre románica del XII y uno de los mejores retablos
del renacimiento soriano, románico y pintura del
XV en la rara planta de dos naves de Nuestra Señora
de la Peña -la iglesia más antigua de la
villa-, el importante conjunto pictórico de la
Basílica de los Milagros...
Conviviendo con los ecos sacros del portal de Santo Domingo,
la calle Vicente Tutor introduce memorias hebreas a media
altura. El edificio que allí se levanta está
considerado la Sinagoga de una población que se
asentó en las calles colindantes al barrio árabe,
y cuyo más franco exponente lo encontramos en la
calle de los Zapateros. Y junto a la Ágreda judía,
un cartel desde el arco de Felipe II da la entrada a un
mundo que traza el Medievo, y en el que un recinto encuentra
paso en sus dos Puertas Califales. Estamos en el Barrio
Árabe, cuya fuente formara parte de los sistemas
de regadío y donde conviven notas cristianas como
el Torreón de la Mota o la ermita adosada al lienzo.
A extramuros, paseos, fuentes y merenderos en la Dehesa,
recorridos invernales con jardín barroco junto
al Queiles...un callejeo a pie, multiplicado y diverso.
El prólogo
Pero
antes de llegar al corazón mismo de las tres culturas,
el viajero ha encontrad a su paso un rosario de pueblos
que le habrán servido de prólogo histórico
y paisajístico. A ambos lados de la carretera han
quedado las iglesias románicas de Fuensauco, Tozalmoro
y Omeñaca, la llanura rojiza procura caminos que
se desbocan hacia entrañas serranas... Proponemos
un desvío y una seducción: la carretera
es la que va desde Matalebreras hasta Castilruiz, el pueblo
se llama San
Felices y la imagen se arrebata en risqueras y miradores
naturales.
Ya en la carretera, otro desvío a la izquierda
nos lleva a Añavieja, que mira al sur sobre una
risquera. La humilde localidad, cuna del escritor Avelino
Hernández y célebre por sus deliciosas patatas
fritas, construyó su templo en el siglo XII con
restos de la vecina Austróbiga. Si el viajero gusta
de estirar las piernas, un paseo río arriba le
conducirá por hayedos, robledales y encinares hasta
la vecina Dévanos. En dirección contraria,
el descenso de las aguas lleva hasta el puente romano
de -ya estuvimos allí y se nos quedó en
la retina- San Felices.
Y volvemos, para seguir viendo y viviendo. El punto vuelve
a ser la carretera de Zaragoza. El próximo objetivo,
esta vez al lado derecho, desemboca en Muro de Ágreda,
la antigua Augustóbriga. En la calzada que comunicaba
Numancia con Caesaraugusta -ahora se llama Zaragoza- el
pueblo conserva desde entonces su recinto amurallado de
tres kilómetros y su fuente romana. En ella calamron
su sed las civilizaciones celtíberia, romana, visigoda,
musulmana y la cristiana, ésta última responsable
de su iglesia del siglo XII.
El camino conduce ahora Ágreda. la palabra quiso
empezar por ella y ya se detuvo en su universo moro, judío
y cristiano. El viajero lo hará ahora, y quizá
tenga que volver la vista a sus líneas repletas
de patrimonio. Entretanto, permitan al texto seguir hasta
el castillo gótico de Vozmediano y el bello nacimiento
del Queiles, deslizarse hasta Aldehuela de Ágreda,
punto de partida de varias sendas que suben hasta los
2.300 metros del Moncayo. Es el techo de la provincia
y de todo el sistema Ibérico. Es el monte imponente,
sagrado para los celtíberos, cuna mitológica
de los romanos, camino prieto de naturaleza y hayedo.
Estamos en tierra de Bécquer. El poeta romántico
pasó en Noviercas, Vozmediano, el hermoso Berantón...vida
y leyendas. Su pluma puede acompañarle hasta Ólvega,
asentada entre el Moncayo y El Madero. El visitante la
encontrará acunada por el recinto de montañas
que vigilan su carácter reiteradamente fronterizo.
Al norte, los muros de la antigua Augustóbriga
romana, salida natural del valle, han escuchado los ecos
de las culturas y las batallas, al tiempo que protegían
una densidad de población creciente que hoy sobrepasa
los tres mil habitantes.
Nacida
al desaparecer la ciudad romana en un siglo V azotado
por los pueblos bárbaros, sería reconquistada
por los cristianos a los árabes. pero había
nacido fronteriza y así sería siempre, y
de nuevo vivió las guerras entre Aragón
y Castilla. De ellas, en las que el castilló ardió,
queda en su escudo municipal el dibujo y la memoria de
su fortaleza en llamas.
Ólvega propone un paseo por el arte sacro nutrido
de los diferentes estilos que le han legado los siglos:
desde Santa María la Mayor, la iglesia gótica
que se revela como el edificio más
interesante de la villa, a la humilde ermita de la Virgen
de Olmacedo, con influencias aragonesas y representante
del románico más tardío de la provincia.
En medio, la ermita de San Roque, cuya nave y bóveda
nacieron en el XII dejando el resto para el XVII; la de
la Soledad, vientre de los pasos de Semana Santa, y la
de los Mártires, con factura del XIII.
Otro paseo, señalizado por un sendero de Pequeño
Recorrido (PR), adentrará al viajero a las entrañas
de la tierra. la Mina Petra, que en otro tiempo abrió
sus carnes de sierra y metal férreo, es hoy un
escenario impresionante, preñado de silencios sobrecogedores
y belleza extraña que está siendo recuperada
como punto de atractivo turístico.
Y si fue la mano del hombre la que arañó
la montaña en busca de hierro, no fue sino la naturaleza
la que se encargó de hacerlo en Cueva
de Ágreda, una pequeña población
en el valle del Araviana en la que la leyenda se abrió
cobijo y estancia.
Más allá, y casi pisando el límite
regional que marcan los mapas, la mano de Bécquer
nos guiará hasta un pequeño pueblo de magníficas
panorámicas y encantos recostados en la falda del
Moncayo. Con sus más de 1.300 metros de altitud,
Beratón, a una decena de kilómetros de
Cueva de Ágreda es el pueblo más alto
de la provincia, y aguarda bellezas tiernas y bruscas
al tiempo. Su nacimiento es romano. Su encinar, sagrado
para los celtíberos y guarida de ladrones para
el poeta Marcial. Sus vistas, suaves panorámicas
desde el agujero del viento hacia el valle del
Isuela e impresionantes cortados donde el aragonés
Purujosa lanza desafíos a la gravedad. Descubra
o relea las leyendas de Bécquer. La corza blanca
y Los ojos verdes nacieron por estas tierras.
Nos vamos, de la mano del poeta romántico, hasta
Noviercas, donde todavía resiste la casa donde
viviera él y su esposa y musa Casta Esteban. Una
torre de época árabe muestra su rostro reconstruido
durante las guerras fronterizas cristianas. Más
allá está Almenar, enclave estratégico
árabe hasta finales del siglo VIII, en cuyo castillo
del XV, el mejor conservado de la provincia y edificado
sobre otro musulmán, vio la luz Leonor, la esposa
de Machado.
De nuevo, esta tierra plagada de leyendas nos cuenta la
liberación del Cautivo de Peroniel al que la Virgen
de la Llana trajo volando desde Argel en un arca con un
moro sentado encima. La ermita, que conserva cofre y cadenas,
conmemora cada año el milagro en una romería
en la que también participa la vecina Peroniel
del Campo. Más allá, en un despoblado cuya
calzada recuerda su importancia como plaza romana, el
fantasma de Masegoso arrastra sus cadenas por un torreón
de leyenda, amor y muerte... Quizá sea el Moncayo,
que ejerce su influjo mágico y llena de fanatsías
la tierra. |
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Todas
estas rutas forman parte de la amplia oferta del Patronato
Provincial de Turismo de Soria. Los contenidos y las
imágenes de cada uno de los recorridos han sido
facilitados a valonsadero.com por el propio Patronato.
Los textos son obra de Susana Gómez Redondo,
y las fotografías perteneces al archivo del Patronato
de Turismo, Fernando Santiago, Lourdes Lezcano, Félix
Lozano, Alejandro Plaza, Valentín Guisande, Manuel
Caloto y Paco Lucas.
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