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| ¿Que
conoces de nuestra provincia? Compruébalo
en este crucigrama. |
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| CRUCE
DE SEDUCCIONES |
Ese
día, -uno de tantos que quisimos empaparnos de
la belleza de una de las villas más hermosas
de la provincia-acabamos empapándonos también
de lluvia. Fue un aguacero pequeño e intenso,
de los que lavan el mundo y dejan la sensación
de que todo está aún por hacer..Todo menos
la belleza limpia de las calles medinenses, por un rato
vacías y húmedas como un bautizo de nube.
Habíamos elegido para llegar la carretera que
parte de la Nacional 111, antes de atravesar Medinaceli-Estación
y su complejo de restaurantes y hoteles, para bordear
después la montaña sobre la que se erige
el pueblo. desde arriba, enla cumbre del cerro sobre
el que se asienta, el Valle del Jalón se estrenaba
abajo. era la misma perspectiva-con las modificaciones
propias de los hombres y del tiempo- que tuvieran los
celtíberos de aquellaantigua Occilis fundada
en la colina aguda.
Como casi todos los sitios cuya situación los
convierte en estratégicos por naturaleza, la
encrucijada estaba escrita en su sustrato. Su destino
no podía ser otro que el de convertirse en punto
de encuentro -y de batallas- de los hombres de todos
los tiempos, que habrían de superponer su historia
en este espacio en el que la vista encuentra dilatado
el horizonte. Así fue como este mismo mirador
en el que hoy nos encontramos, uno de los Conjuntos
Histórico-Artísticos más importantes
de la provincia, vio cómo el Imperio Romano lo
convertía en un importante enclave, directamente
relacionado con la Conquista. primero fue un campamento;
más tarde, un importante enlace en medio de la
vía entre Caesaraugusta (Zaragoza) y Emérita
Augusta, la actual Mérida. la ocupación
romana dejó bellas herencias polícromas
en algunas calles y en especial en la Plaza mayor, donde
fue hallado un mosaico de grandes dimensiones, parte
del cual se conserva en el Palacio Ducal de la villa.
Pero aquella Occilis romana volvería a la escena
de las civilizaciones, las batallas y las estrategias
de manos árabes, que desde el primer momento
aprovecharon el emplazamiento. la rebautizarían
como Medina-Occilis (Ciudad de la Mesa), al tiempo que
la transformaban en una poderosa plaza que Abderramán
III fortificó, repobló y convirtió
en la capital de la Marca Media. En ella se cree que
duerme el sueño eterno el legendario Almanzor,
después de su camino agonizante desde Calatañazor
a Bordecorex, donde encontraría su muerte. Una
mezcla de historia y leyenda dice que su hijo fue a
buscar su cuerpo para enterrarlo en el cuarto cerrillo.
tras la desaparición del más poderoso
caudillo de la españa musulmana, el poder cristiano
se extendería por toda la línea del Duero,
y una obligación impuesta a la ciudad de pagar
tributo la convertiría una vez más en
escenario de batallas entre los reinos cristianos. El
pasado de la villa -ese pasado superpuesto entre los
estratos del suelo y del tiempo- continúa por
los vericuetos de los siglos hasta un Fuero, la posterior
creación del Condado de medinaceli y su elevación
definitiva a Ducado por los Reyes Católicos.
Junto
a ellos, a caballo entre la historia y la leyenda -que
también construye memorias poderosas- la fígura
del Cid. El mítico caballero tiene en medinaceli
un recuerdo doble: por un lado, un Cantar que alude
en varias ocasiones a la villa; por otro, el posible
origen de uno de los dos juglares que escribieran el
Poema, tesis defendida por un Menéndez pidal
que siguió la pista del campeador, "jinete
como él, aunque a lomos de mula que no de Babieca".
...Era un día de lluvia (¿recuerdan?).
hubo una licencia en primera persona para empezar a
contar la villa. Un acercamiento de saludo a este lugar
intenso. Una bienvenida y una puerta ancha de manos
de un poeta que cantó a Soria y su provincia...esa
entrada que encontramos al llegar y de la que nada dijimos,
esperando antes a contar la historia en varios tiempos
de la bella medina, que hunde sus raíces en la
celtiberia. la puerta ancha de Gerardo Diego no era
sino el arco romano de triple arcada, único en
España, que aporta símbolo y exclusividad
a esta ciudad hermosa y del cielo.
Tras ella, ojo triple que domina el valle, una villa
para patear sin cansarse por las sinuosas, irregulares
calles alrededor de la plaza castellana. En ellas perduran
los restos más antiguos del trazado urbano, de
época árabe: callejuelas a las que se
asoman las casonas nobles y los blasones, el Palacio
del Marqués de Casablanca , los múltiples
testigos en sillería de os siglos XV al XVII
que tienden trampas -de seducción- a la vista.
y la Plaza mayor descansando sobre el antiguo foro romano,
sus soportales bajo los que se cobijan galerías
de Arte, restaurantes y el Aula Arqueológica
de medina, el Palacio Ducal y la Alhóndiga de
doble arquería.
El consejo es callejear, ir colándose por los
hechizos de la villa -o ellos por uno- al tiempo que
se descubre una muralla que ya rodeaba la ciudad en
época celtíbera y de la que se conservan
algunos destellos romanos junto al arco; los tramos
medievales levantados bajo el dominio musulmán;
la Puerta Árabe; el castillo que, reconstruido
casi completamente y sin conservar apenas restos de
la primitiva fortaleza árabe, fue residencia
de los Duques de la medinaceli; la Colegiata del XVI
edificada sobre la iglesia románica de Santa
María La Mayor, su única nave a la que
se sumarían varias capillas de gótico
tardío, la cripta románica, la rejería
gótica, el altar barroco, la talla del Cristo
de Medinaceli, el órgano del XVIII...Y seguir,
llegarse hasta el Convento de Santa Isabel, donde las
Monjas Clarisas sustituyeron la elaboración de
alfombras por la repostería con recetas que sirven
para ayudar a las Hermanas de la capital. cercarse hasta
el Beaterio de San Román, ese extraño
edificio rectangular al que se otorga un origen no cristiano,
quizá mezquita o sinagoga de la notable comunidad
hebrea que tuvo asiento en Medinaceli...Yque le cuenten.
Que le hablen los medineneses de su fiesta y de su rito.
Esa noche en la que la plaza de la villa brilla el fin
de semana más cercano al 13 de noviembre. no
le sorprenda que se emocionen. Hablan de su Toro Jubilo
como si lo estuvieran viendo: la fiesta que encuentra
sus orígenes en aquellos antepasados celtíberos
que tuvo Occilis. Y después, si la hora lo aconseja
-intente que sea así- podrá descansar
un rato en alguno de los restaurantes que jalonan la
villa, frente a un cocido de la tierra y un buen asado.
Si es febrero o marzo podrá disfrutar de las
Jornadas Gastronómicas que cada año dedica
al cordero uno de los restaurantes de la villa.
Excursiones
La villa medinense da pie a numerosas excursiones, en
una suerte de mosaico que brinda tramos de calzada romana
y románico (el pueblo de Romanillos tiene de
ambos, además de fuente romana, tumbas antropomorfas
medievales y colección etnográfica) y
leyenda fuertemente arraigada: en Barahona vivieron
las brujas.
Pero la excursión ineludible se adentra en el
yacimiento del Paleolítico Inferior más
importante de la Península. Está a unos
quince kilómetros de Medinaceli, y desde que
el Marqués de Cerralbo iniciara las excavaciones
a principios de siglo, el cementerio prehistórico
de Torralba y Ambrona ha sacado a la luz restos fosilizados
de uros, caballos y lobos, así como huesos de
elefantes de hace 300.000 años -algunos con defensas
de más de tres metros- que podrá ver en
el museo de Ambrona junto a herramientas de piedra utilizadas
para la caza.
Más allá y siguiendo la carretera que
nos aleja hacia Arcos de Jalón, un pueblo rojo
abandona la tierra blanca y el horizonte ancho. Los
colores se han vuelto más vivos tras la lluvia
que ha limpiado este mundo de cerros desgastados. La
aridez castellana da paso a perales y almendros regados
por un Jalón que lame las huertas. Se llama Somaén,
y es burgo fronterizo del antiguo Ducado de Medinaceli.
Y seguimos, carretera y mapa, entre los castillos y
la fisonomía medieval de esta tierra de tránsito.
A eso huelen las calles rojas y blancas de Arcos de
Jalón: a arquitectura de influencia mañan
y esencias a caballo entre Aragón y Castilla
para formar una población en la que los restos
del castillo dan noticia de los tiempos de Pedro I el
Cruel. Desde él, calles estrechas y empinadas
se agazapan en sus traseras y dan otra imagen de esta
localidad con fuerte pasado ferroviario, dividida en
dos mitades por el Jalón y en la que una igleisa
del XVII vuelve a poner influencias aragonesas en la
franja de límite.
la carretera estrecha que parte de Arcos hasta Iruecha
devolverá al viajero el sabor de la piedra y
los silencios. Un pastor con manta y cayado se perfila
en el horizonte de sabinar y encina. El mundo se para
por unos instantes en medio de la carretra sin tráfico.
Secularmente apartada y solitaria, esta zona parece
haber detenido los relojes entre los tendales y los
arroyos, al tiempo que una hermosura extraña
perfila sus casas de piedra y su despoblación
imparable. Al llegar a Chaorna, la belleza se viene
de golpe en las casas y las fuentes, en las cuevas que
hicieron de tainas para guardar el ganado, en las rocas
calizas que anillan la aldea chiquita, en los restos
de arquitectura militar medieval sobre el caserío,
en las cascadas que ponen fertilidad al entorno adusto.
Y más piedra y menos prisa. Y más silencio
y menos ruido...Pero si es agosto, doce para más
señas, encontrará al pueblo vestido de
fiesta: en Chaorna reviven la siega para engañar
a la nostalgia con gentes vestidas de una época
de jornales de sol a sol que le recibirán en
las eras con trilladora y máquina de aventar.
La carretera, que sigue angosta y solitaria, le llevará
por bellezas de puta tierra hasta Judes y su laguna.
Más tarde, entre la masa verde de la tierra de
Soliedra, Iruecha
dará su saludo de piedra rodeada de sabina, encina,
pino, roble y olores de tomillo y espliego. De nuevo
en Arcos, la autovía de Aragón sigue el
curso del Jalón perpetuando su carácter
de vía de paso. Un desvío a la derecha
deja a un lado Montuenga de Soria, donde se vuelven
a intuir los restos de otra fortaleza de esta tierra
de castillos. más tarde, una población
surgida en torno a un monasterios hace de vestíbulo
de entrada a uno de los ejemplares más destacados
de la Orden del Císter, el Monasterio
de Santa María de Huerta.
...La
carretera.
Dieciséis kilómetros por tierras de antigua
frontera castellana nos separan Monteagudo de las Vicarías.
Antes de él, un desvío señaliza
el pequeño pueblo de Almaluez, donde aguarda
un tesoro con forma de iglesia y factura del XVI. Es
Santa María Magdalena, de estilo gótico
renaciente con torre a los pies y cuerpo de campanas
barroco, cuyo interior aporta bellezas de madera policromada
y dorada en el impresionante baldaquino del XVIII. Vigilado
por las gigantesacas columnas salomónicas y la
techumbre de media naranja, se trata de un ejemplar
único en Castilla y león, que el viajero
podrá inspeccionar por la parte trasera gracias
al pasillo al fondo del ábside.
Volveremos a la carretera de Monteagudo, que asomará
asentado sobre una muela y rodeado de murallas. En él
soplan vientos del cerano Aragón. Es sólido,
rojizo y centro histórico de guerras y pactos
entre los dos reinos limítrofes. Es la plaza
fuerte a la que Alfonso X diera el fuero de Soria, el
punto donde se entrevistaron Sancho de Castilla y Jaime
de Aragón para concertar un pacto de unión
conyugal y política. El pueblo donado al mercenario
Dugesclín como recompensa por su ayuda a Enrique
II en la traición de Montieldonde murió
Pedro el Cruel. La villa que pronto volvería
a la corona y que acabó perteneciendo los Hurtado
Mendoza.
Su carácter defensivo lo convirtió en
pueblo-fortaleza, como todavía testimonia su
lienzo amurallado en el que se abre la puerta almenada
de Las Heras. Dentro del recinto, un destacado conjunto
histórico-artístico se hace palpable en
el Castillo-Palacio del siglo XV con planta pentagonal
y flanqueado por dos torres de ocho lados. Su iglesia,
de principios del XVI, tiene acceso por una portada
gótica, mientras un frente de arquerías
renacentistas muestra claras influencias de la escuela
aragonesa. Su interior brinda interesantes retablos
y un púlpito plateresco, generosamente decorado,
pone al conjunto su nota de estética mudéjar.
De regreso a Soria, y si no quiere el viajero volver
a Santa María, veinte kilómetros por tierras
de la Recompensa le llevarán a Morón de
Almazán, aquella plaza hermosa que en otra ruta,
cuando arribamos a la comarca adnamantina, vivían
en un Palacio los reyes de un cuento. Pero esa, y con
la frase hay una invitación, es otra historia...
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Todas
estas rutas forman parte de la amplia oferta del Patronato
Provincial de Turismo de Soria. Los contenidos y las
imágenes de cada uno de los recorridos han sido
facilitados a valonsadero.com por el propio Patronato.
Los textos son obra de Susana Gómez Redondo,
y las fotografías perteneces al archivo del Patronato
de Turismo, Fernando antiago, Lourdes Lezcano, Félix
Lozano, Alejandro Plaza, Valentín Guisande, Manuel
Caloto y Paco Lucas.
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