02:42, 06-01-2009
 
 
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¿Que conoces de nuestra provincia? Compruébalo en este crucigrama.
 


TIERRAS DE EL BURGO

A LA LUZ DEL ARTE
Allí espera el cielo azulísimo sobre los sabinares y el suelo rojo. Una luminosidad que ofende (en Soria ofende el sol, se regala la nieve, no se rebaña el plato sino que se allega y en los atajos, se atrocha, porque así lo quiere el habla). Un viaje saturado que busca uno de los pedazos más monumentales de la provincia. Que un mal e infrecuente nublado no borre el camino que, por un ramal a la derecha, nos conduce al sugestivo Calatañazor. La carretera hacia la villa medieval se pierde entre curvas y revueltas apuntaladas una vez más por las constantes sabinas albares que habitan toda la zona. Está a punto de saborear la belleza bien conservada de uno de los pueblos más visitados de la geografía regional, precedido por paisaje que se hunde tortuoso hacia el cauce del río Milanos.
Tras visitar Calatañazor, y al dejar atrás la Puerta Vieja y la muralla de los siglos XII y XIII de la villa, habrá entendido un poco más de esta tierra fronteriza durante la Reconquista. Un bosque de sabinas de más de veinte metros de altura y dos de ancho le saludará junto a la carretera que va a Muriel de la Fuente. El Espacio Natural del Sabinar de Calatañazor, que más tarde haremos viejo conocido en la parte dedicada a la Naturaleza, le sorprenderá con ejemplares de varios cientos de años. Un capricho de formas nudosas y prehistóricas creciendo lento en el llano.
Antes de llegar a Muriel de la Fuente, donde el paisaje nos regalará los sentidos con otro monumento natural, entre a Abioncillo. Hace menos de veinte años, la aldea iba camino de sumar un nombre más a la lista de los despoblados. Hoy, y después de la apuesta llevada a cabo por un grupo de profesores en el 83, se ha convertido en pueblo-escuela con centro de recursos didácticos, laboratorios, cocinas y horno tradicional, museo etnográfico, gallinero, huerta, colmenar, fragua. Cursos y experiencias pedagógicas, talleres, jornadas, exposiciones... han vuelto a dar vida a la pequeña localidad reconstruida por la Cooperativa de Enseñanza del Río, en instalaciones que han sabido respetar y recuperar la arquitectura semihundida que un día encontraron.
De nuevo con el coche en marcha, regrese al cruce para continuar por la carretera que le llevará a Muriel de la Fuente. Desde allí, a menos de media legua, surge hermosa La Fuentona, la laguna que más adelante relataremos -de nuevo le remitimos al apartado de Naturaleza- con mayor profundidad. Y vuelva. Le acompaña la luminosidad constante. Deshaga camino para a encontrarse otra vez con la carretera de Valladolid. Sígala unos kilómetros hasta ver el cartel anunciador de Rioseco. Esté atento a su izquierda y a los contraluces saturados. Se nos olvidó advertir a los aficionados al golf que metieran en el maletero sus palos al emprender viaje. El pueblo al que se dirige cuenta con un campo rústico donde se puede practicar este deporte, además de establecimiento de turismo rural, iglesia con ábside romano y extraordinaria pila bautismal que bien podría ser visigoda. También conserva un rollo medieval construido con tres columnas de la villa romana de los Quintanares (por cierto, la estatua en mármol de Saturno que se expone en el Museo Numantino procede de allí). A poca distancia, tomando una pequeña carretera, el pueblo de Torreandaluz le obsequiará con una de las mejores portadas románicas en su iglesia parroquial.
Vuelva de nuevo por donde ha venido. La excursión es extensa y se prolonga hasta El Burgo de Osma, donde su agenda se llenará de visitas monumentales y calles bien cuidadas para disfrutar largo y tendido. La torre catedralicia le lanza al cielo su desafío bellísimo. Déjese llevar por ella en su esbeltez barroca y, recortado el aire por la figura del templo, regrese de nuevo al suelo, donde un recinto amurallado casi íntegro ciñe los tejados rojos y los edificios nobles. Y así, con la perspectiva retenida, entréguese sin disimulo a la fisonomía intachable de una localidad repleta de patrimonio.
Y desde la villa episcopal, con los ojos y el paladar llenos, una carretera local prolongará el viaje hasta una villa que destila un fuerte sabor medieval. Ucero, alzado sobre una vega fiera y un paisaje espectacular, se recorta en una estampa de lo más sugerente. Es la puerta al Parque Natural del Cañón del Río Lobos, un desfiladero kárstico, agreste y magnífico, en el que el cauce lento y constante ha horadado en la roca una inmensa escultura natural. Pero antes de acceder a esta maravilla angosta que más tarde será recorrida en esta guía, desentrañemos el bello Ucero. Los restos del castillo templario se perfilan sobre el río truchero de nombre idéntico a la villa medieval. Su estructura de triple recinto y su torre del homenaje dominan el escenario montaraz, mientras las gárgolas retienen figuras humanas y una serpiente es vencida por un águila. El pueblo, que cuenta con establecimientos de turismo rural, se dibuja en calles estrechas y tortuosas. Su iglesia vuelve a traer la mística de los monjes guerreros en el llamado Cristo de los Templarios, mientras la Virgen de la Antigua mira el interior del templo desde su talla gótica. Cerca de él, cuya miel es dulce, artesanal y célebre, la cueva de la Zorra se prolonga por 130 metros de túnel excavado en la roca. Era sólo una parte de la conducción que daba de beber a la antigua Uxama.
Después de recorrer el Cañón, y de regreso a Ucero, la carretera que va a Santa María de las Hoyas conducirá por un espléndido paisaje jalonado de simas y grutas hasta la base de un triángulo donde se asienta Fuencaliente del Burgo. De nuevo hacia Osma, vértice del triángulo, dos iglesias detendrán nuestro camino. Son las de Fuentearmegil, a escasos kilómetros, y la de Berzosa, más adelante. Cuna del único templario de nombre conocido, la localidad natal de Fray Fernán Núñez de Fuentearmegil encierra una joya que vio la luz no hace muchos años gracias a unas obras de acondicionamiento. La puerta califal descubierta en el vientre del templo parroquial insiste en poner un punto de atención más en la visita turística, mientras el artesonado mudéjar hace lo propio en el techo de la iglesia. Junto a ella verá un rollo con cadenas del antiguo calabozo. Y un apunte medieval: tres estelas de la época han salido de los secretos de Fuentearmegil. Una se fue al Museo Numantino de la capital; otra vigila desde la ermita y la última es espectadora de juegos y partidos en el frontón. Siga, que así es el sino y el deseo del viajero, hasta el pueblo de Berzosa, donde otra iglesia aguarda y con ella uno de los más antiguos ejemplares del románico rural de la provincia. Es San Martín de Tours, un templo nacido en el siglo XI con galería porticada del XII, y capitales de figuras fascinantes.
Nos vamos al encuentro del Campeador hasta “el fin de Castilla”. Al decir del Cantar, no era sino en Alcubilla del Marqués donde la región ancha encontraba su término. Deténgase el visitante ante esta entrada de la Ribera en la que la bodega en la roca y el sarmiento en la vid regalan con buenos vasos de vino y excelente cordero.
Hacia Caracena, otra experiencia innovadora vuelve a salvar del abandono a un pueblo. Navapalos se caía y el barro y la paja de sus casas se deshacía de despoblación. En 1960, oía cerrar su última puerta y se asomaba a un futuro desolado. Pero desde hace quince años, en un 1985 que trajo a sus calles de adobe a la ONG Interacción, un proyecto de investigación, experimentación y formación reconstruye su arquitectura con técnicas de la zona. Cursos de verano, campos de trabajo y encuentros internacionales se albergan desde entonces en la aldea, en la que el abastecimiento se lleva a cabo a través de las fuentes renovables con un fin último: el autoabastecimiento. Las actividades, que giran en torno a la protección medioambiental y la arquitectura ecológica y bioclimática, contemplan asimismo la cooperación internacional, a través de programas que edifican viviendas de bajo coste en Latinoamérica. El protagonista, un material barato y omnipresente: el barro.
Estamos en tierras marcadas por el Cid Campeador.
Si Navapalos y el río Caracena forman parte de la Ruta del Destierro, Fresno de Caracena fue residencia del sacerdote Per Abbat, que algunos estudiosos apuntan como posible autor o copista del Cantar. No opina lo mismo Menéndez Pidal, quien defiende que el Poema anónimo es obra de dos autores, un juglar de Medinaceli y otro natural de San Esteban de Gormaz. Más adelante, cuando Rodrigo Díaz de Vivar sea el protagonista de uno de los itinerarios, el viajero podrá seguir sus pasos con mayor precisión. Y desde Fresno, donde se alza un rollo-picota, una de las localidades más fascinantes de la provincia espera entre risqueras y buitres. Es Caracena, que se apiña sobre una ribera protegida por restos de muralla.
El itinerario acaba aquí. La excursión ha sido larga y llena. La comarca figura entre los itinerarios más jalonados de monumentos de la provincia, y si bien aquí no están todos los que son… el viajero habrá comprobado con creces el final de la frase.
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NUEVA RUTA
  LA CELTIBERIA SORIANA
Todas estas rutas forman parte de la amplia oferta del Patronato Provincial de Turismo de Soria. Los contenidos y las imágenes de cada uno de los recorridos han sido facilitados a valonsadero.com por el propio Patronato. Los textos son obra de Susana Gómez Redondo, y las fotografías perteneces al archivo del Patronato de Turismo, Fernando Santiago, Lourdes Lezcano, Félix Lozano, Alejandro Plaza, Valentín Guisande, Manuel Caloto y Paco Lucas.
 
 

 

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