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| ¿Que
conoces de nuestra provincia? Compruébalo
en este crucigrama. |
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| A
LA LUZ DEL ARTE |
Allí
espera el cielo azulísimo sobre los sabinares y
el suelo rojo. Una luminosidad que ofende (en Soria ofende
el sol, se regala la nieve, no se rebaña el plato
sino que se allega y en los atajos, se atrocha, porque
así lo quiere el habla). Un viaje saturado que
busca uno de los pedazos más monumentales de la
provincia. Que un mal e infrecuente nublado no borre el
camino que, por un ramal a la derecha, nos conduce al
sugestivo Calatañazor.
La carretera hacia la villa medieval se pierde entre curvas
y revueltas apuntaladas una vez más por las constantes
sabinas albares que habitan toda la zona. Está
a punto de saborear la belleza bien conservada de uno
de los pueblos más visitados de la geografía
regional, precedido por paisaje que se hunde tortuoso
hacia el cauce del río Milanos.
Tras
visitar Calatañazor, y al dejar atrás la
Puerta Vieja y la muralla de los siglos XII y XIII de
la villa, habrá entendido un poco más de
esta tierra fronteriza durante la Reconquista. Un bosque
de sabinas de más de veinte metros de altura y
dos de ancho le saludará junto a la carretera que
va a Muriel de la Fuente. El Espacio Natural del Sabinar
de Calatañazor, que más tarde haremos viejo
conocido en la parte dedicada a la Naturaleza, le sorprenderá
con ejemplares de varios cientos de años. Un capricho
de formas nudosas y prehistóricas creciendo lento
en el llano.
Antes de llegar a Muriel de la Fuente, donde el paisaje
nos regalará los sentidos con otro monumento natural,
entre a Abioncillo. Hace menos de veinte años,
la aldea iba camino de sumar un nombre más a la
lista de los despoblados. Hoy, y después de la
apuesta llevada a cabo por un grupo de profesores en el
83, se ha convertido en pueblo-escuela con centro de recursos
didácticos, laboratorios, cocinas y horno tradicional,
museo etnográfico, gallinero, huerta, colmenar,
fragua. Cursos y experiencias pedagógicas, talleres,
jornadas, exposiciones... han vuelto a dar vida a la pequeña
localidad reconstruida por la Cooperativa de Enseñanza
del Río, en instalaciones que han sabido respetar
y recuperar la arquitectura semihundida que un día
encontraron.
De
nuevo con el coche en marcha, regrese al cruce para continuar
por la carretera que le llevará a Muriel de la
Fuente. Desde allí, a menos de media legua, surge
hermosa La Fuentona, la laguna que más adelante
relataremos -de nuevo le remitimos al apartado de Naturaleza-
con mayor profundidad. Y vuelva. Le acompaña la
luminosidad constante. Deshaga camino para a encontrarse
otra vez con la carretera de Valladolid. Sígala
unos kilómetros hasta ver el cartel anunciador
de Rioseco. Esté atento a su izquierda y a los
contraluces saturados. Se nos olvidó advertir a
los aficionados al golf que metieran en el maletero sus
palos al emprender viaje. El pueblo al que se dirige cuenta
con un campo rústico donde se puede practicar este
deporte, además de establecimiento de turismo rural,
iglesia con ábside romano y extraordinaria pila
bautismal que bien podría ser visigoda. También
conserva un rollo medieval construido con tres columnas
de la villa romana de los Quintanares (por cierto, la
estatua en mármol de Saturno que se expone en el
Museo Numantino procede de allí). A poca distancia,
tomando una pequeña carretera, el pueblo de Torreandaluz
le obsequiará con una de las mejores portadas románicas
en su iglesia parroquial.
Vuelva de nuevo por donde ha venido. La excursión
es extensa y se prolonga hasta El
Burgo de Osma, donde su agenda se llenará
de visitas monumentales y calles bien cuidadas para disfrutar
largo y tendido. La torre catedralicia le lanza al cielo
su desafío bellísimo. Déjese llevar
por ella en su esbeltez barroca y, recortado el aire por
la figura del templo, regrese de nuevo al suelo, donde
un recinto amurallado casi íntegro ciñe
los tejados rojos y los edificios nobles. Y así,
con la perspectiva retenida, entréguese sin disimulo
a la fisonomía intachable de una localidad repleta
de patrimonio.
Y
desde la villa episcopal, con los ojos y el paladar llenos,
una carretera local prolongará el viaje hasta una
villa que destila un fuerte sabor medieval. Ucero, alzado
sobre una vega fiera y un paisaje espectacular, se recorta
en una estampa de lo más sugerente. Es la puerta
al Parque Natural del Cañón del Río
Lobos, un desfiladero kárstico, agreste y magnífico,
en el que el cauce lento y constante ha horadado en la
roca una inmensa escultura natural. Pero antes de acceder
a esta maravilla angosta que más tarde será
recorrida en esta guía, desentrañemos el
bello Ucero. Los restos del castillo templario se perfilan
sobre el río truchero de nombre idéntico
a la villa medieval. Su estructura de triple recinto y
su torre del homenaje dominan el escenario montaraz, mientras
las gárgolas retienen figuras humanas y una serpiente
es vencida por un águila. El pueblo, que cuenta
con establecimientos de turismo rural, se dibuja en calles
estrechas y tortuosas. Su iglesia vuelve a traer la mística
de los monjes guerreros en el llamado Cristo de los Templarios,
mientras la Virgen de la Antigua mira el interior del
templo desde su talla gótica. Cerca de él,
cuya miel es dulce, artesanal y célebre, la cueva
de la Zorra se prolonga por 130 metros de túnel
excavado en la roca. Era sólo una parte de la conducción
que daba de beber a la antigua Uxama.
Después
de recorrer el Cañón, y de regreso a Ucero,
la carretera que va a Santa María de las Hoyas
conducirá por un espléndido paisaje jalonado
de simas y grutas hasta la base de un triángulo
donde se asienta Fuencaliente
del Burgo. De nuevo hacia Osma, vértice
del triángulo, dos iglesias detendrán nuestro
camino. Son las de Fuentearmegil, a escasos kilómetros,
y la de Berzosa, más adelante. Cuna del único
templario de nombre conocido, la localidad natal de Fray
Fernán Núñez de Fuentearmegil encierra
una joya que vio la luz no hace muchos años gracias
a unas obras de acondicionamiento. La puerta califal descubierta
en el vientre del templo parroquial insiste en poner un
punto de atención más en la visita turística,
mientras el artesonado mudéjar hace lo propio en
el techo de la iglesia. Junto a ella verá un rollo
con cadenas del antiguo calabozo. Y un apunte medieval:
tres estelas de la época han salido de los secretos
de Fuentearmegil. Una se fue al Museo Numantino de la
capital; otra vigila desde la ermita y la última
es espectadora de juegos y partidos en el frontón.
Siga, que así es el sino y el deseo del viajero,
hasta el pueblo de Berzosa, donde otra iglesia aguarda
y con ella uno de los más antiguos ejemplares del
románico rural de la provincia. Es San Martín
de Tours, un templo nacido en el siglo XI con galería
porticada del XII, y capitales de figuras fascinantes.
Nos
vamos al encuentro del Campeador hasta el fin de
Castilla. Al decir del Cantar, no era sino en Alcubilla
del Marqués donde la región ancha encontraba
su término. Deténgase el visitante ante
esta entrada de la Ribera en la que la bodega en la roca
y el sarmiento en la vid regalan con buenos vasos de vino
y excelente cordero.
Hacia Caracena, otra experiencia innovadora vuelve a salvar
del abandono a un pueblo. Navapalos se caía y el
barro y la paja de sus casas se deshacía de despoblación.
En 1960, oía cerrar su última puerta y se
asomaba a un futuro desolado. Pero desde hace quince años,
en un 1985 que trajo a sus calles de adobe a la ONG Interacción,
un proyecto de investigación, experimentación
y formación reconstruye su arquitectura con técnicas
de la zona. Cursos de verano, campos de trabajo y encuentros
internacionales se albergan desde entonces en la aldea,
en la que el abastecimiento se lleva a cabo a través
de las fuentes renovables con un fin último: el
autoabastecimiento. Las actividades, que giran en torno
a la protección medioambiental y la arquitectura
ecológica y bioclimática, contemplan asimismo
la cooperación internacional, a través de
programas que edifican viviendas de bajo coste en Latinoamérica.
El protagonista, un material barato y omnipresente: el
barro.
Estamos en tierras marcadas por el Cid Campeador.
Si Navapalos y el río Caracena forman parte de
la Ruta del Destierro, Fresno de Caracena fue residencia
del sacerdote Per Abbat, que algunos estudiosos apuntan
como posible autor o copista del Cantar. No opina lo mismo
Menéndez Pidal, quien defiende que el Poema anónimo
es obra de dos autores, un juglar de Medinaceli y otro
natural de San Esteban de Gormaz. Más adelante,
cuando Rodrigo Díaz de Vivar sea el protagonista
de uno de los itinerarios, el viajero podrá seguir
sus pasos con mayor precisión. Y desde Fresno,
donde se alza un rollo-picota, una de las localidades
más fascinantes de la provincia espera entre risqueras
y buitres. Es Caracena, que se apiña sobre una
ribera protegida por restos de muralla.
El itinerario acaba aquí. La excursión ha
sido larga y llena. La comarca figura entre los itinerarios
más jalonados de monumentos de la provincia, y
si bien aquí no están todos los que son
el viajero habrá comprobado con creces el final
de la frase. |
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Todas
estas rutas forman parte de la amplia oferta del Patronato
Provincial de Turismo de Soria. Los contenidos y las
imágenes de cada uno de los recorridos han sido
facilitados a valonsadero.com por el propio Patronato.
Los textos son obra de Susana Gómez Redondo,
y las fotografías perteneces al archivo del Patronato
de Turismo, Fernando Santiago, Lourdes Lezcano, Félix
Lozano, Alejandro Plaza, Valentín Guisande, Manuel
Caloto y Paco Lucas.
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